Alfabetización Científica: Una breve reseña

January 15, 2017

El trabajo presentado por Sasseron y Carvalho (2011) resalta, en un primer momento, el significado del término Alfabetización Científica y su proceso histórico y, posteriormente, comenta como este proceso puede ser iniciado en una sala de clase. Así, varios autores estudiaron, lo cuales, presentan diferencias en cuanto al uso de los términos. Por ejemplo, los autores de lengua española utilizan el término “Alfabetización Científica” como la enseñanza que promueve capacidades y competencias entre los estudiantes, capaces de permitirles la participación en los procesos de decisión del día a día. Los autores ingleses utilizan el término “Scientific Literacy”, mientras que los franceses utilizan el término “Alphabétisation Scientifique”, todos con el mismo significado de preparar los alumnos para lo cotidiano que los cerca. Debido a esa pluralidad semántica, los investigadores brasileños adoptaron tres términos importantes, que, a pesar de ser parecer semejantes, presentan algunas diferencias. Estos términos son: Enculturación Científica, Letramiento Científico y alfabetización Científica.

 

La enculturación Científica parte de la presuposición de que la enseñanza de Ciencias puede y debe promover condiciones para que los alumnos, además de las culturas religiosas, social e histórica que cargan consigo, puedan también hacer parte de una cultura en que las nociones, ideas y conceptos científicos son parte de sus vivencias. De este modo, ellos serían capaces de participar de discusiones al respecto de las Ciencias, tomando decisiones, obteniendo informaciones y comunicándose.

 

El término Letramiento Científico se refiere al resultado de la acción de enseñar o aprender a leer o escribir, es decir, sería el conjunto de prácticas sociales que utilizan la escritura como un sistema simbólico y como tecnología, en contextos específicos para objetivos específicos. De manera general, sería escribir Ciencias, a través de la creación de hipótesis, detallamiento de la metodología, de los resultados y, principalmente, discutir los resultados obtenidos a través de la escritura. Por último, el término Alfabetización Científica está basado en la idea de la alfabetización concebida por Paulo Freire (2005), en la cual la alfabetización consiste en el dominio de las técnicas de lectura y escritura, implicando a una autoformación que resulta en una postura interferente del hombre en el ambiente. Así, la Alfabetización Científica desarrolla la capacidad de organización del pensamiento de manera lógica, construyendo una conciencia más crítica en relación al mundo. Además, este proceso permite el establecimiento de conexiones entre el mundo en que la persona vive y escribir, naciendo así los significados y la construcción de los saberes.

 

La idea de Alfabetización Científica se inició entorno de 1620, donde varios filósofos, como Hurd y Francis Bacon, alegaban la necesidad de preparación intelectual de las personas, lo que, según ellos se daba por medio del conocimiento de Ciencias. En 1798, Thomas Jefferson reivindica la enseñanza de Ciencias en las escuelas. En 1859, Spencer mostraba la necesidad de enseñar en las escuelas lo que hacía parte del día a día de sus alumnos. Además, para este filósofo, la sociedad dependía de los conocimientos construidos por la ciencia, siendo necesario el aprendizaje y el conocimiento de la ciencia misma y sus emprendimientos.

 Foto: Photogear

 

Con el pasar del tiempo, el concepto Alfabetización Científica fue ganando nuevos significados, tornándose, a veces, complejo. Así, se inicia una búsqueda histórica con el objetivo de esclarecer el término y hacerlo más coherente. En ese sentido, varios estudiosos comenzaron a elaborar ideas al respecto del que hoy conocemos como Alfabetización Científica. Uno de los estudiosos más citados con relación a ese concepto es Bybee (1995), donde resalta la incorporación del conocimiento científico en situaciones durante la sala de clases. En este contexto, Bybee considera algunas dimensiones de la Alfabetización Científica, como la dimensión funcional (considera el vocabulario de ciencias y sus términos propios y específicos); la dimensión conceptual y procedimental (percepción de la relación existente entre informaciones y experimentos adquiridos y desarrollados por una comunidad y el establecimiento de ideas conceptuales); y la multidimensional (conocimientos del vocabulario de las ciencias y su utilización adecuada, comprensión de la construcción del conocimiento de los fenómenos naturales y percepción del papel de las ciencias y tecnologías en la vida). De la misma forma, Fourez (1994) parte de la presuposición de que la Alfabetización Científica es la promoción de la cultura científica y tecnológica, argumentando aun, que ella es necesaria como factor de inserción de los ciudadanos en la sociedad actual. Así, surgen las siguientes preguntas: “¿Cómo las ciencias fueron modificándose a lo largo de la educación? ¿Cómo insertar la Alfabetización Científica en la escuela?”

Para tanto, Bybee y DeBoer (1994) y Hurd (1998) muestran la preocupación en que las aulas de ciencias enseñen no apenas los conceptos, leyes y teorías científicas, pero que también trabajen con sus alumnos las aplicaciones de las ciencias, revelando las relaciones entre Ciencia, Tecnología y Sociedad. En este sentido, el objetivo mayor del currículo de ciencias recae sobre la naturaleza de las ciencias y sus implicaciones mutuas con la sociedad y ambiente, evidenciando aun más la importancia de la Alfabetización Científica.

 

Por tanto, es importante tener en mente que la Alfabetización Científica es un proceso que se realiza día a día. Además de eso, se debe partir de actividades problematizadoras, cuyas temáticas sean capaces de relacionar y conciliar diferentes áreas y esferas de la vida de todos, observando para la ciencia y sus productos como elementos presentes en nuestro día a día y que, por tanto, presentan una estrecha relación con nuestra vida. De esta manera, el grande objetivo de la Alfabetización Científica es conseguir relacionar sus conocimientos, advenimientos tecnológicos y sus efectos para la sociedad y el medio ambiente, haciendo con que el alumno discuta y opine de manera crítica en su cotidiano.

 

Así, introducir la Alfabetización Científica en la escuela no es fácil. Requiere de profesionales capacitados y habilitados, el desarrollo de habilidades como la lectura y redacción, interpretación de texto, y por último, integrar valores y tomar decisiones responsables. Tanto Jimenez-Aleixandre (2004) como Lemke (2006) resaltan la importancia del planeamiento y la proposición de una enseñanza en Ciencias capaz de fornecer subsidios para que los alumnos reflexionen sobre problemas que los aflijan y busquen soluciones y medidas cuyas metas visualicen el futuro sustentable del planeta. Además de eso, estos mismos autores destacan que la enseñanza en Ciencias no  se debe restringir a la trasmisión de contenidos y conocimientos, pero debe mostrar a los alumnos la naturaleza de la ciencia y la práctica científica y, siempre que posible, explorar las relaciones existentes entre ciencia/tecnología/sociedad, desarrollando así la enseñanza, a través de la investigación, defendiendo un currículo basado en propuesta de situaciones problemáticas en las cuales los alumnos se relacionen en la búsqueda por una respuesta.

 

Vale resaltar aun que no existe una fórmula mágica y mucho menos una “receta” para el desarrollo de la Alfabetización Científica, pero, pequeñas actividades como, visitas a museos, teatros lecturas de revistas, periódicos, salidas de campo, aulas prácticas y experimentales pueden ser el inicio de las aulas más dinámicas, problematizadoras, estimuladoras y más próximas de la realidad de los alumnos.

 

Fuente:

Sasseron, L. H. & Carvalho, A. M. P. Alfabetização Científica: uma revisão bibliográfica. Investigações em Ensino de Ciências – V16(1), pp. 59-77, 2011.

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