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La destrucción ambiental y el riesgo de nuevas pandemias

En 2018, los biólogos de la Universidad de Varsovia publicaron el artículo: “Bats, Coronaviruses, and Deforestation: Toward the Emergence of Novel Infectious Diseases?”, el cual relaciona la rápida destrucción de los hábitats de murciélagos con la diseminación del coronavirus, como el SARS-CoV y MERS-CoV.


Este artículo, publicado en abril de 2018, describe como los abrigos de los murciélagos presentes en los bosques tropicales del Sudeste Asiático fueron destruidos en 50% durante los últimos 70 años, resultando en contacto entre animales portadores de enfermedades con los seres humanos. El artículo también revela que 31% de los virus que los murciélagos transportan son diferentes formas de coronavirus. Por último, el artículo advierte sobre el riesgo del surgimiento de futuras enfermedades asociadas al coronavirus.


De acuerdo con un estudio desarrollado en 2014, la cantidad total de surtos de enfermedades infecciosas hay aumentado en las últimas cuatro décadas. Concomitantemente, la cubierta forestal del mundo fue reducida a la mitad de su tamaño. La mayoría de los nuevos surtos (en torno de 60%) fueron de origen animal, incluyendo el virus Ébola, SARS-CoV, H1N1, entre otros. Así, el estudio relaciona el reciente aumento de enfermedades infecciosas con el aumento de patógenos que transitan de la vida salvaje para los seres humanos.


Con relación al Brasil, las alertas de deforestación en la región amazónica fueron los mayores vistos en el primer trimestre de 2020. En comparación con marzo de 2019, hubo un aumento de 29,9% de la destrucción de la cubierta forestal nativa, según el Instituto de Pesquisas Espaciais (Inpe). Esta triste realidad afecta los pueblos indígenas y comunidades tradicionales, nativos de la región amazónica, que son más vulnerables al COVID-19.

Figura 1: Proceso de deforestación en bosques de vegetación nativa.


Más allá de las limitaciones al acceso a la salud de las comunidades locales, otro importante factor puede contribuir para el avance de la epidemia: el aumento de las actividades del sector minero, así como el derrocado creciente del bosque. Para tener idea, las regiones de Amazonia que presentaron altas tasas de deforestación, también presentaron, simultáneamente, tasas crecientes de malaria en humanos. Con la disminución de la cubierta vegetal, estanques de agua aumentan en el suelo. El mosquito, principalmente los agentes transmisores de malaria, se reproducen en esta agua turbia y estancada. De esta manera, el aumento de la población de mosquitos en esas áreas deforestadas se torna descontrolado, debido a los predadores naturales (sapos y libélulas) que se mueren cuando su hábitat es destruido.

Figura 2: Comunidades indígenas de Amazonía.


De acuerdo con Andy McDonald, ecologista de enfermedades e investigador ambiental de la Universidad de California (Santa Bárbara), los árboles normalmente pueden absorber el agua estancada en el suelo por medio de sus raíces. Todavía, caso no haya árboles suficientes próximas al local del agua estancada, esta agua permanece, criando un local conducente para la reproducción de los mosquitos. La investigadora también relaciona la presencia de mayor cantidad de agua estancada en áreas de mayor destrucción e invasión humana. Ese hecho cría una interacción mortal entre personas y mosquitos portadores de malaria.


Algo semejante también ocurre en bosques tropicales del sudeste de Asia, donde las secas ocasionadas por El Niño están más intensas y recurrente debido al aumento de la temperatura global. En 1998, por ejemplo, la seca ocasionada por El Niño desencadenó un surto de Nipah en Malasia. Segundo Amy Trittout, profesora asistente del Instituto de Patógenos Emergentes de la Universidad de Florida, la seca causó incendios forestales en masa, criando una enorme polución atmosférica que impedía la fructificación, lo cual forzó la migración de murciélagos raposas-voladoras del bosque para las ciudades de Malasia. Algunos de esos murciélagos invadieron haciendas de cerdos de la Malasia, ocasionando los primeros casos del virus Nipah. Los murciélagos mordieron las frutas que los cerdos consumían, causando la propagación del virus. En seguida, los seres humanos adquirieron el virus al entrar en contacto con los cerdos contaminados.

Figura 3: Murciélagos raposas-voladoras.


Actualmente, gran parte de la deforestación ocurre por empresas multinacionales, con el objetivo de limpiar acres de tierra para la producción de una zafra comercial. La Amazonia, por ejemplo, está siendo destruida principalmente para el cultivo de caña de azúcar, palmera (para la obtención del óleo de palma), entre otros. El monocultivo, en general, agotan el suelo, dejándolos vulnerables a plagas y los seres humanos vulnerables a enfermedades.


Así, se deben proponer acciones gubernamentales para investigar, fiscalizar y controlar el cumplimiento de las leyes ambientales. Sin embargo, la deforestación y las acciones de mineras ilegales aún son las preocupaciones recurrentes. Como sociedad, debemos presionar para que medidas contra las ilegalidades sean tomadas. En caso de nada hecho, una nueva pandemia debe ser esperada, aún más fuerte y cruel.



Referencias:

Afelt, A., Frutos, R., & Devaux, C. (2018). Bats, coronaviruses, and deforestation: Toward the emergence of novel infectious diseases?. Frontiers in microbiology, 9, 702.

G Fisher. O desmatamento e a monocultura disseminam a COVID-19 e outras doenças. Carta Maior. 2020.

A Guimarães et al. COVID-19 e o desmatamento amazônico. El País. 2020.

P Stropasolas. COVID-19 será cortina de fumaça para desmatamento, alerta especialista do Greenpeace. Brasil de Fato. 2020.

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